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miércoles, 16 de julio de 2008

Goooool de La Sexta

Ha pasado el tiempo y la resaca futbolera ha ido mermado. Esa plaga de camisetas rojas y rostros pintados que deambulaba por las calles cual zombies de Romero se ha extinguido y escuchar en un teléfono móvil el politono de “A por ellos, Oe” ya suena rancio y desfasado. Algunos nos quedamos con la sensación de que fue demasiado fácil, no sé si por mérito de los nuestros o por desmérito de sus rivales, pero el gol de Torres en Viena desató una euforia generalizada y, por momentos, canalizó los problemas de muchos españoles. Sin embargo, a mi gusto el mejor de la Eurocopa no lo marcó El Niño, ni tampoco El Guaje, sino La Sexta.

La Plaza Roja de Colón (curioso calificativo si pensamos lo que simboliza ese escenario y las concentraciones que ha albergado en los últimos años) no ha sido únicamente territorio de Cuatro। En uno de sus resquicios estaba presente La Sexta, que este año no emitió el torneo y nos libró a todos de los insufribles comentarios del trasnochado Andrés Montes (tanto tiempo retransmitiendo la NBA de madrugada deja secuelas). Concretamente en la fachada del Museo de Cera, con un cartelón que, para más mofa, iba acompañado de la leyenda “la mejor selección está en La Sexta”. Los realizadores de Cuatro se tirarían de los pelos cada vez que querían hacer un plano general de la plaza sin que la publicidad de La Sexta apareciese en pantalla. Tal vez los contenidos de la cadena sean muy discutibles, así como su incomprensible costumbre de cambiar de horario constantemente las series de culto, pero de “vender lo que sea” saben un rato. Sólo hay que ver la expectación que generaron en torno al nuevo CQC... aunque el resultado haya sido muy decepcionante. Los nuevos hombres de negro no pasarán de cuartos.

sábado, 19 de abril de 2008

EL ARTE DE NO HACER NADA

Pasear por el centro de Madrid me resulta reconfortante, especialmente ir a La Metralleta o al Yunke a remover los cajones de los vinilos, donde casi siempre termina cayendo uno para mi colección. Me gusta comprobar que esas tiendas, al más puro estilo de la película Alta Fidelidad, permanecen abiertas y todavía tienen sus asiduos. Como si formasen parte del mobiliario urbano de la capital, inalterables al paso del tiempo, igual que las estatuas vivientes de la Calle Preciados, especialmente el tipo ese con gabardina, paraguas del revés y pelo de puntos que simula ser arrastrado por el viento. Es curioso, pero nunca entendí donde está el mérito de las estatuas vivientes. No entiendo porqué tengo de echar dinero a alguien por el simple hecho de no moverse, me resulta contradictorio cuando a mí en el trabajo me pagan por moverme (y mucho).

Esta peculiar forma de ganarse la vida sin hacer nada ha alcanzado su versión 2.0 con Internet, gracias a un adolescente holandés que cobra 11.000 euros al mes por pasarse el día tumbado en la cama de su habitación, grabarse con una webcam y emitirlo por la red. Se trata de Yde Van Deutekon, estudiante de Ingeniería de 22 años, quien cierto día viendo un reality show empezó a darle vueltas a una idea: cómo forrarse sin mover un día. Seguro que todos nos hemos planteado esto alguna vez, pero lo más parecido es ser nombrado Eurodiputado y para eso hay que estudiar mucho. El holandés de apellido impronunciable fue más allá y se planteó un reto tan inverosímil como rentable: pasar el mayor tiempo posible delante de una webcam, acostado en la cama y sin salir de su cuarto, al tiempo que pedía a los visitantes de su web una recompensa por su “esfuerzo” en forma de donación económica. Desde febrero, cuando comenzó su encierro voluntario, ya ha superado los 12.000 euros (a.k.a dos millones de pesetas).

Debido al éxito, Van Deutekom decidió añadir un chat para dialogar con sus “fans” y, más tarde, se animó a comprar un dominio internacional donde se anuncian empresas como Fujitsu y Lego, amenazando que, mientras siga habiendo clientes dispuestos a anunciarse y pagar 100 euros por banner, continuará tumbado en su cama 24 horas al días, aunque incluyendo nuevas propuestas como ver las peores películas de la historia en un mismo día (¿optará por Uwe Boll o por el cine español?) o pasar una semana comiendo únicamente pizza. Las estatuas vivientes de la Puerta del Sol (ese cowboy de color cobre...) lo mismo también se plantean dar el paso hacia la blogosfera y abandonan las calles del centro, pero espero que la gran red no acabe con las entrañables tiendas de vinilos.

lunes, 3 de diciembre de 2007

DAR CERA, PULIR MURO

Seguro que muchos recordareis Karate Kid II, un fijo en las reposiciones televisivas durante el periodo vacacional. Su argumento (como es habitual en el cine adolescente ochentero) es muy sencillo: el señor Miyagi viaja a su Okinawa natal por la muerte de su padre, acompañado de su inseparable alumno Daniel. A su llegada, se reencuentra con parte de ese pasado que intentó dejar atrás al viajar a Estados Unidos. Entre ellos, un viejo rival al que venció años antes y, ahora, clama una revancha. Miyagi, tan reflexivo e impasible como siempre, no cede. Su enemigo insiste y su métodos para presionar al maestro son cada vez más extremos. Primero le grita, después le amenaza, le ralla el coche, pisa las plantas de su jardín, e incluso se sube a un tractor y rompe los muros de su casa. Todo vale para provocar a Miyagi, quien al final cede en su empeño y acepta el reto, aunque en vez de luchar él, lo hará su discípulo Daniel.

Bueno, este momento revival ochentero se debe a la conversación que he tenido hace un rato con Nacho Vigalondo, que comenzó hablando de su película los Cronocrímenes (muy recomendable) y ambos terminamos reivindicando a John Landis o Joe Dante. Pero ya escribiré sobre Nacho más adelante porque, aunque no lo parezca, la secuencia inicial me vale pare ilustrar la última de Gallardón.

El alcalde de Madrid ha vuelto a hacer una gallarda (mmm... que mal suena, debería decir mejor una “gallardonada”, ¿no?). No es un tema nuevo, de hecho ha tenido cierta repercusión mediática, pero os pongo en antecedentes. Hace un mes, unos graffiteros de Madrid realizaron una gigantesca caricatura en un muro, con la intención de expresar al alcalde que el graffiti es arte. Parece que a Gallardón y los suyos no les hizo mucha gracia y, como ya hiciera el enemigo de Miyagi en Karate Kid II, optó por derribar el muro. Los graffiteros se tomaron esta medida como un ataque, un desafío en toda regla, un reto que han aceptado. A través de una web anunciaron que, a partir de ahora, el rostro de Gallardón made in spray invadirá varios rincones de esta, nuestra comunidad, de Madrid.

Tal vez Gallardón pudo destruir un muro, pero ¿que hará con un autobús? ¿incrustará una bomba como en Speed?... ¿y con un vagón de metro? ¿también volará por los aires como en La Jungla III?. Ya puestos, no estaría mal (siempre que no hubiera gente dentro, claro) a ver si así renovaban de una vez la Línea 5, que buena falta hace. Después de mucha meditación, la estrategia anunciada por Gallardón ha sido aumentar las multas, que actualmente rondan los 60/90 euros, a 300 e incluso 6.000 euros. Sus argumentos son claros y concisos: “el graffiti es una falsa expresión artística y debe ser sanciada”. Aquí es donde nace el debate, pues no sé que criterio seguirá para decidir “lo que es o no arte”, especialmente cuando en campaña electoral por los barrios del sur ha apoyado a los grafitteros y ha aplaudido iniciativas como ilustrar el Quijote en versión graffiti. Yo he crecido en el pandillero barrio de Aluche y he conocido muchos. Dentro de los graffiteros pasa como en el metro, que en el mismo vagón te puedes encontrar gente honrada y auténticos tarados. Ni todos son delincuentes ni todos son artistas.

No se que baremo se sigue para que Bucket face exponga en el MOMA de Nueva York y otros sean perseguidos, pero lo realmente contradictorio es que Gallardón apoye el graffiti en campaña electoral y después lo castigue. Y cuando hablo de graffiti, hablo de obras bien ejecutadas, que dan un toque de vistosidad a muros desolados, no a esos garabatos hechos con rotulador que ensucian el portal de mi casa o los asientos del metro. A esos si que habría que enseñarles los “múltiples usos” de un rotulador, a modo de supositorio industrial. Seguro que sería un método más eficaz que ir tirando muros. El señor Miyagi asiente con la cabeza, piensa lo mismo que yo, así que a dar cera a los "rotuleros".

miércoles, 31 de octubre de 2007

LADINAMO ECHA EL CIERRE

Que conste que nunca simpaticé con los denominados puntos de cultura alternativa, léase casas okupa o centros sociales. Sus intenciones suelen ser buenas, pero la mayoría de veces se quedan sólo en eso, en un intento, para terminar convirtiéndose en un local cochambroso donde se crítica a la sociedad a ritmo de bongos, porros y calimocho del Caprabo. Los problemas del mundo, que tan bien presumen conocer, no se solucionan haciendo malabares ni dando patadas a una bolsita, como habitúan a hacer los asiduos a estos recintos (si has estudiado Periodismo o Comunicación en la Complu, lo enterás). Tampoco me gustaron las teterías cool, esas donde te miran raro por no llevar rastas ni tatuajes tribales. Locales donde huele como que han fumado y todo es muy bohemio. Sus regentes dicen ser muy solidarios y anticapitalistas, pero te piden 5 euros por un té y se quedan “tan agustito”.

Ese glamour de mercadillo pseudocultureta no va conmigo, aunque lo respeto. Sin embargo, sería injusto meter en el mismo saco a Ladinamo Café. Generalizar es siempre un error pues, como en un vagón de metro, puedes encontrarte de todo, desde indeseables a gente admirable.
Descubrí Ladinamo en 2004, cuando dentro de la programación del Cinemad proyectaron parte de la filmografía del inquietante Alejandro Jodorosky. Fue muy grato disfrutar del cineasta chileno con la sala a rebosar (era entrada libre) y cerveza en mano, pero más divertido aún fue contemplar la cara de los allí presentes después de la proyección de “La montaña sagrada” (título altamente recomendable). Esa misma jornada también emitieron un par de cortometrajes y, como colofón, la película sorpresa, que resultó ser “Kárate a muerte en Torremolinos” (esta también es recomendable, pero para vuestro peor enemigo”.
Ese mismo año, Ladinamo recibió una amenaza de cierre por ofrecer un concierto del siempre perseguido Fermín Muguruza. El apoyo vecinal de Lavapiés fue determinante para que la sangre no llegase al río, pero era cuestión de tiempo que pasara lo que hoy ya es inevitable. La asociación cultural capitaneada por Carlos Prieto se queda sin su sede, aunque seguirá agitando conciencias en su blog y en su fanzine. Seguro que la próxima vez que pase por la calle Mira el Sol para visitar a mi amiga Teresa y tomarnos unas cañas sabaderas, una tienda de chinos (de esas que venden San Pancracios que brillan en la oscuridad y demás horteradas) ocupará lo que anteriormente fue Ladinamo.
Antes del verano pasé por última vez para entrevistar a Sonora y Reincidentes, coincidiendo allí con un buen puñado de amigos periodistas (puedes leerla pulsando la foto). Me quedo con esa última imagen para el recuerdo. Si nadie lo impide Madrid, antaño oasis de la-contra-cultura, será el nuevo paradigma contra-la-cultura.

jueves, 11 de octubre de 2007

Tiembla, publicista

Hoy voy a ser un poco más malo de lo habitual. El trabajo de creativo publicitario cada vez se está poniendo más complicado, o al menos eso deduzco al escuchar día si día también las duras críticas a anuncios de moda, campañas de la DGT o promociones de nuevos programas de televisión. Será que cada vez somos más susceptibles, o que la polémica vende, o ambas cosas. No lo se.

Como cada lunes, me dirijo al trabajo mientras echo un vistazo entre empujones a uno de esos periódicos gratuitos. En su última página está la columna de opinión de una popular escritora. Tan popular que cuando escribe un libro su nombre viene con letras más grandes que el propio título de la obra. Autoproclamada como la abanderada de la igualdad, la tolerancia y el buen rollo por el simple hecho de vivir en Lavapiés, tener amigos de todos los colores y hablar abiertamente de homosexualidad, la semana anterior ya me sorprendió con un artículo sobre los toros. No por su fondo, que en cierta medida comparto, sino por la forma. De forma muy explícita y soez, describía lo que sería para ella una buena corrida y no precisamente de toros (o a lo mejor si, dependiendo de la potencia sexual de su parteneire).

Desde su poltrona en forma de contraportada, la columna de esta semana me desconcertó aún más. Seguro que todos los madrileños recordareis esos anuncios que empapelaban el metro promocionando la nueva serie de Willy Toledo en Cuatro, especialmente el de la escatológica muestra de habilidad que aparece en la foto (yo lo interpreté como un homenaje a La mano de dios) o el de la joven con minifalda que da el biberón a un bebe mientras Willy posa detrás a lo Rocco.

Dos ejemplos de humor de sal gorda. Un viaje a los tiempos remotos de las Ozoradas y las MQMF de American Pie. Pese a los ingeniosos porcentajes que acompañaban las imágenes, no gozaban precisamente de la sutileza de Groucho Marx.
Una demostración de humor deleznable (imagino que acorde con la línea argumental de la serie, que aún no he visto), pero por lo demás son dos anuncios inofensivos, de ahí que me parezca desmesurada la rabieta de la escritora solicitando al Instituto de la Mujer la retirada de estos carteles por sexistas, vejatorios y dañinos. Eso sí, ella emplea palabras malsonantes y alega que su visionado (como sucede con el 88% del cine español) puede provocar secuelas irreparables en las menores, como su hija.
Es entonces cuando yo me pregunto ¿vejatorio y sexista para quien?, ¿para la mujer?. De acuerdo que no sale bien parada, pero ¿no es más degradante para el género masculino?. Creo que calificar (parafraseando el anuncio) al 88% de los hombres como unos embrutecidos seres, con más hormonas que neuronas, que se comportan de modo simiesco cada vez que ven una falda, también puede ser un motivo de ofensa.

Tampoco creo que Willy Toledo forme parte de ese 88% y, sin embargo, pone su careto en el anuncio para intentar vendernos esta nueva sitcom y pagarse las habichuelas. Por su compromiso político y por las veces que me he cruzado con él en conciertos de rock dudo mucho que quisiera ofender a las mujeres del mundo. Ahora que recuerdo, la escritora también dedica unas cariñosas líneas a Willy para cerrar su columna.

Yo también voy a cerrar la mía, pero antes tiemblo sólo de pensar que si este desafortunado anuncio sirve para justificar semejante enfado, ¿cuál será su reacción ante algo realmente grave?.