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lunes, 2 de febrero de 2009

Con aroma a Serie B

Un amigo de Valladolid, autor del ácido y recomendable blog Tierra de Nadie, define la Noche de los Goya cómo la gran fiesta del cine español, aunque no haya nada que celebrar. Este principio se cumple año tras año. Uno se sienta frente a la pantalla y ve la entrega de premios como si fuera el certamen de Miss España, sin importarle quien gane o pierda. Muchas veces te vas a la cama sin saber quien ha ganado los Goya a Mejor Dirección y Mejor Película porque, llegados a ese punto, ya estás dormido en el sofá y cuando abres el ojo ves la teletienda. Al año siguiente no eres capaz de recordar cuál fue la cinta que se llevó más estatuillas y, como mucho, te acuerdas del generoso escote que lucía Elena Anaya.
Su carácter eminentemente televisivo, con las continuas pausas publicitarias y los tediosos guiones, tampoco ayudan. Y las inoportunas reivindicaciones políticas, menos todavía.

Anoche no hubo de eso (y, si hubo, me pilló haciendo zapping), pero si momentos gran interés. Me gustaron los Muchachada y me hizo gracia el comentario entre Vigalondo y Bayona sobre los remakes estadounidenses. También la perfomance de Rec con Manuela Velasco. autoparodiándose. O ver a un ilustre de mi barrio como El Langui recogiendo dos premios. En la gala hubo zombies, sonaron los nombres de Sam Raimi o Tobe Hooper y el Goya Honorífico lo recibió Jesús Franco, con su inseparable Lina Romay supliendo el escotazo de Elena Anaya. El inefable director (de quien ya escribí aquí) habló con valentía, como siempre ha hecho, y dedicó el premio a los jóvenes cortometrajistas. Lástima que Los Cronocrímenes y El Encargado se fuesen con las manos vacías.


sábado, 6 de septiembre de 2008

Revolucionaria contradicción

Resulta anecdótico, por no decir contradictorio, que un personaje como el Che genere tantos ingresos. El icono de la rebeldía y del inconformismo, el enemigo de lo material, es una auténtica máquina de hacer dinero. Es una curiosa paradoja todos los billetes que se embolsa el sistema capitalista gracias al Che. Da igual donde pongas su rostro, que dará millones. Pude comprobarlo esta semana en el preestreno de su biopic dirigido por Steven Soderbergh, cineasta muy respetado por las reivindicables Sexo, mentiras y cintas de video o Full Frontal, pero que también sabe funcionar en taquilla (¿se atreverá con Ocean’s 14?). Entre los invitados, había más camisetas del Che que en un concierto de Celtas Cortos en las fiestas del PCE. Algunas clásicas y otras más cool, como la que lucía el presentador de El Buscador (a.ka. El tirantes).
Con el Che pasa como con Gardel, Evita Perón o Maradona (curiosamente todos argentinos), que aunque la gente no tenga ni idea de tangos, política o fútbol, hablan de ellos como si los conocieran de toda la vida. Son franquicias de las que se han hecho películas, musicales, ropa, complementos y hasta se han creado religiones con su nombre. Su sola presencia resulta rentable. Sin embargo, después de ver la película, creo que Soderbergh no se embarcó en este proyecto únicamente por dinero, sino porque fue seducido por el personaje. Rodada en 40 días, el director consigue reflejar precisamente eso, las contradicciones del Che. Un hombre que duda si ser médico o guerrillero. Que sufre asma y no cesa de fumar puros. Que abandona a su familia para defender la causa de un pueblo que no es el suyo. Que se siente más cómodo perdido en la selva que sentado en el despacho de un burócrata. No se que pensarán los portadores de camisetas, pero como retratista Soderbergh realiza un trabajo excepcional, a la espera de ver su continuación Guerrilla que, otra contradicción más, se rodó antes que la primera.

jueves, 17 de julio de 2008

NUEVAS CARAS, MISMAS INTENCIONES

Mulholland Drive es una película que me fascina y habré visto una decena de veces. Recuerdo la primera, en los cines Renoir de Plaza España, junto a un amigo Lynchiano confeso. A la salida, acompañados de una Guinness, pasamos largas horas comentando sus momentos más desconcertantes e, inevitablemente, la escena lésbica entre Laura Harring y Naomi Watts apareció en la conversación. Dos actrices, por entonces prácticamente desconocidas, con bellezas antagónicas. Una rubia frágil y de silueta estilizada frente a una morenaza de curvas prominentes. Sus carreras también han sido igual de dispares. Mientras Harring ha hecho mucho (incluso de parteneire de Van Damme) y poco bueno, Watts se ha convertido en la nueva novia de Hollywood, siguiendo la estela de Nicole Kidman o Charlize Theron.
The Ring, King Kong y ahora Funny Games, Naomi Watts es la reina del remake, esa tendencia a fotocopiar películas ya realizadas como solución a la crisis de ideas y las huelgas de guionistas. Especialmente curioso es el caso de Funny Games, dirigida por el propio Michael Haneke una década después y copiando plano por plano a su predecesora. Es inevitable preguntarse qué ha llevado a un cineasta tan outsider como Haneke a hacer algo así, actitud más propia de directores regidos por el lema “coge el dinero y corre”. Seguramente, querrá que la dura crítica que transmite en Funny Games llegué al mayor número de gente posible y Hollywood es el mejor escaparate para conseguirlo.
Con otros actores y nuevos decorados, el resto de la obra es un calco de lo que ya hiciera hace diez años, eso significa que la inquietante esencia del original permanece inalterable y su incómoda crítica a la violencia en los medios también, sólo que ahora podrá verse en las salas grandes, las de los centros comerciales, las mismas que colindan con restaurantes familiares y tiendas de ropa clónica, con su cartel junto al de Kung Fu Panda o la nueva de Narnia. Distinto escenario, pero las mismas intenciones. Ahora la pregunta es ¿merece la pena ver Funny Games si ya viste la versión de 1997?. Con la magnética presencia de Naomi Watts y la desoladora oferta del resto de salas, mi respuesta es afirmativa.

miércoles, 9 de abril de 2008

BOWLING FOR HESTON

A estas alturas de la película muchos ya estaréis saturados de información por la muerte de Charlton Heston, el actor más popular del cine épico y máximo exponente del viejo Hollywood gracias a títulos como Los diez mandamientos, Ben-Hur, El Cid o Julio César. Pero si fascinante es su galería de personajes, no lo es menos su propia personalidad, especialmente por las múltiples contradicciones.

En los últimos años, siempre que el nombre de Heston salía a la palestra iba asociado a la extrema derecha estadounidense y la Asociación Nacional del Rifle, aunque pocos saben que en su juventud el intérprete fue un abanderado de los derechos humanos. En la década de los sesenta puso dinero de su propio bolsillo para que Orson Welles pudiera finalizar el rodaje de Sed de Mal, un thriller de claro mensaje antirracista, pero en los noventa consiguió censurar al rapero Ice-T argumentando que “sus letras contribuían al declive moral de la sociedad estadounidense”, gesto que fue entendido como un ataque a las minorías afroamericanas.
Heston se sentía cómodo en el papel de héroe, de salvador, de nuevo Mesías... y sus cruzadas trascendieron de la gran pantalla. De joven fue demócrata acérrimo y murió siendo un conservador extremista. Un gigante de 1,92 debilitado por la pérdida de memoria y convertido en una caricatura de si mismo cada vez que empuñaba un rifle.

Recuerdo el rostro pétreo de Heston en la mayoría de las películas de ciencia ficción setentera que marcaron mi infancia. Del canibalismo de Soylent Green (Cuando el destino nos alcance) al desolador futuro de El último hombre vivo, pasando por la irrepetible escena final de El Planeta de los Simios y su grandilocuencia al descubrir la estatua de la libertad enterrada en la arena. También recuerdo esos sábados después de comer, con las reposiciones constantes de Terremoto, Cuando ruge la marabunta o Aeropuerto 75 por televisión.

En la gran pantalla, Heston era la personificación del héroe imbatible, pero en su vida real se mostró vulnerable y perdió su último duelo (a la postre, el definitivo) contra la demagogia oportunista y canallesca de Michael Moore en su documental Bowling for Columbine. Un desenlace final propio de sus filmes apocalípticos.

lunes, 31 de marzo de 2008

Por fin juntos

Cine, Cómic y Scream Queens son tres de mis filias confesables y, en cada una de ellas, tengo especial devoción por nombres concretos. Me gusta David Fincher como director, creo que ha sabido conducir bien su carrera y caminar sin excesivos sobresaltos por ese estrecho alambre que separa independencia y comercialidad. Como la mayoría de sus compañeros de generación viene del mundo del videoclip y la publicidad, aportando interesantes recursos visuales en la gran pantalla. No lo tuvo fácil para adaptar al siempre complejo Chuck Palahniuk en El Club de la Lucha, pero salió airoso y se ganó el respeto de quienes criticaron su irregular debut con Alien 3. Poco prolífico, escoge muy bien sus proyectos y está en plena forma, como demostró recientemente en Zodiac (a mi juicio, lo mejor de 2007).
Hace tiempo que desconecté del mundo de la viñeta, pero mis amigos aseguran que siguen publicándose cosas interesantes más allá de Eatman o Gen13, que fueron las últimas series que completé. Si hay unos personajes que, inevitablemente, siempre terminan apareciendo en nuestras conversaciones viñeteras son las Tortugas Ninja. Tenemos que remontarnos a finales de los 80 con ese cómic decadente en blanco y negro infestado de guiños a la serie B creado por Kevin Eastman y Peter Laird. Por entonces tenían la máquina recreativa en un bar del barrio, un beat’em up bastante logrado y con opción de cuatro jugadores simultáneos, donde nos dejamos un buen puñado de monedas de cinco duros, de esas que aún no tenían el agujero. Después llegaron las películas, los series de dibujos, los muñecos... los cuatro quelonios de nombres renacentistas se convirtieron en un producto de marketing, pero de la agresividad inicial que desprendía el cómic ni rastro, así que nos dejaron de gustar en un momento de plena fiebre mundial.

En cuanto a las Scream Queens o Reinas del Grito (como se califica a las actrices habituales en el género Terror/Ciencia Ficción), soy seguidor porque contribuyen a mantener el romanticismo del cine antisistema. Aspirantes a actrices que buscan la fama, aceptan interpretaciones en películas de bajo presupuesto y terminan encumbrándose como iconos de la subcultura, cuyos nombres son recordados con nostalgia durante décadas. De generosa anatomía, la tradición Scream Queen se está perdiendo por culpa de la escasa calidad de los últimos títulos y nulo carisma de las actrices actuales, en su mayoría adolescentes siliconadas e inexpresivas. La última grande ha sido Julie Strain, de generosas curvas y 1.85 de estatura, ha participado en más de un centenar de películas que son carnaza de videoclub. Su vida también es digna de mención: Graduada universitaria, sufrió amnesia al caerse de un caballo mientras practicaba hípica y no recuerda nada de su adolescencia. Emprendió una nueva vida siendo escogida Chica Penthouse en 1991 y debutando como doble de cuerpo de Geena Davis en Thelma y Louise. Después llegarían los sexy thrillers, la caspa ficción y el terror de casquería, hasta que conoció (curiosamente) a Kevin Eastman y se casaron en Las Vegas.

Ahora, el destino ha unido a David Fincher, Kevin Eastman y Julie Strain en la nueva adaptación de Heavy Metal, mítico cómic que combina violencia y erotismo con dos versiones animadas previas (en 1981 y 1999). La producción correrá a cargo del propio Fincher junto a Eastman (propietario actual de la franquicia Heavy Metal) y su señora esposa Julie Strain volverá a coger la pistola, a sus 46 años, en uno de los papeles protagonistas. Una combinación fascinante, veremos si el resultado final está a la altura.

martes, 26 de febrero de 2008

Cuando Kevin encontró a Traci

La semana pasada comenzó el rodaje de Zack & Miri make a porno, la nueva película de Kevin Smith. Que el director de Clerks y Mallrats vuelva a la carga hace ya tiempo que dejó de ser noticia, especialmente después de las últimas decepciones como Jersey Girl, Clerks 2 o la televisiva Reaper. Sin embargo, el rodaje de esta obra en Pittsburgh ha despertado mi interés por contar en su reparto con Traci Lords. La indiscutible reina del porno ochentero reconvertida en diva del electroclash (pues escuchar sus temas en este post) tiene un talento innato para la comedia, que supo explotar como nadie el genial John Waters y ahora pretende recuperar Smith. Mención especial se merecen también sus apariciones en la serie de culto Matrimonio con hijos donde, sólo por una vez, a todos nos gustaría cambiarnos por el decadente Al Bundy (ver video).



El argumento es lo de menos. Zack y Miri son una pareja de amigos con problemas económicos que deciden rodar porno amateur para ganar dinero. Entre toma y toma descubren que están hechos el uno para el otro, se enamoran, se besan con música indie de fondo y fin. No la he visto, pero ya sabemos todos como se las gasta Kevin Smith en esto de las comedias románticas y lo previsible que resulta. Por suerte, un buen elenco de secundarios combatirá el tedio con sus intervenciones, entre ellos Jason Mewes (que no interpretará a Jay), la porno star Katie Morgan y un veterano Tom Savini, que regresa a Pittsburg pero, esta vez, sin zombies de por medio. Con cuarenta tacos a sus espaldas Traci sigue espectacular, así que sólo nos queda esperar que el guión de Kevin Smith esté a la altura del sueño húmedo de toda una generación.

lunes, 25 de febrero de 2008

Hollywood Ending

Es un ritual. Como si de la porra de un Madrid-Barça se tratara, los días previos a la ceremonia de los Oscars nos juntamos los amigos de la facultad y hacemos nuestra propia quiniela con todos los candidatos. Eternos aspirantes a directores que nos licenciamos juntos en Comunicación Audiovisual y que ahora nos ganamos la vida cada uno en lo que podemos, esto es lo más cercano a sentirnos académicos de Hollywood por un día. En estos años de vaticinios pre-Oscars hemos descubierto que la entrega de estatuillas doradas no es una ciencia exacta, pero si hay ciertas reglas no escritas que siempre se cumplen y, al final, el ganador de la porra termina decidiéndose por pequeños detalles como Mejor Cortometraje de Animación o Mejor Documental, candidaturas que son una auténtica lotería. Otro enigma que no hemos sido capaces de descifrar es la diferencia entre Mejor Sonido y Mejor Edición de Sonido, apartado que muchas veces relleno lanzando una moneda al aire (y que me perdonen los expertos en sonido por mi ignorancia, pero es así).

En la gala de anoche los había cantados, como el de Mejor Guión Original para "Juno" (su autora Diablo Cody se merece un post en este blog), el de Daniel Day Lewis por "Pozos de Ambición" (¿quién será la mente perversa que ha puesto un título tan horrible a “There will be blood”?) y, por supuesto, el de Bardem. Sin embargo, si hay uno que ha roto muchas quinielas es el de Cate Blanchett como Mejor Actriz Secundaria por su personificación de Bob Dylan en su fase adolescente hippie con “I’m not there”. Puede que al premiar a la francesa Marion Cotillard por dar vida a su compatriota Edith Piaf los académicas pensaran que galardonar a dos actrices por interpretar biopics de cantantes era demasiado. O puede que no pensaran nada y todo haya sido fruto de la casualidad.


Lo cierto es que, sin desmerecer en absoluto a la británica Tilda Swinton, Blanchett está impecable en la piel del autor de “Knocking at the Heaven’s Doors” y me parece inaudito que su película aún no tenga distribuidora en España. Podéis echar un vistazo a mi último artículo publicado en la revista Primera Línea del mes de febrero, donde hago mención al papel de Cate Blanchett y ese matrimonio de conveniencia cine-rock. Feliz semana a todos.

viernes, 15 de febrero de 2008

Mi reconciliación con los Coen

Sé que ya estaréis aburridos de oír hablar de No es país para viejos a todas horas, pero la ocasión lo merece, y no sólo por la cosecha de premios de Bardem, que es una buena noticia, pero no tanto como el crédito que han recuperado los hermanos Coen después de las prescindibles Crueldad intolerable y su remake Ladykillers.
Basada en la recomendable novela de Cormac McCarthy, Joel y Ethan regresan a su mejor época, la de Sangre fácil y Fargo, con un thriller seco de supervivencia exquisitamente realizado. Un western crepuscular a lo Peckinpah muy recomendable para los que disfrutaron de títulos como Deliverance de John Boorman y, más recientemente, The Backwoods de Koldo Serra. Eso sí, los que prefieran ejercicios efectistas tipo Monstruoso, que huyan de No es país para viejos como de la peste bubónica.

Hay un tipo de violencia de consumo rápido que nos recuerda que el mal está ahí y que puede atacarnos en cualquier momento, una sensación que satisface el morbo del espectador durante el visionado del film pero que se olvida al día siguiente. Hay otra que pasa inadvertida, que corrompe a la sociedad y la retroalimenta, cuyo incómodo visionado no se olvida tan fácilmente. Estas luchas entre el bien y el mal funcionan muy bien si se enmarcan en terrenos fronterizos y carreteras secundarias de la América profunda donde, esta vez si, los Coen crean un clímax dramático impecable gracias a un brillante elenco de personajes secundarios.
Ahora es el momento de hablar de Bardem, un tipo que es capaz de subirse al escenario del Festimad para abrazarse con Eddie Vedder y de pasearse por la alfombra roja del Kodak Theatre sin cambiar su semblante. Nunca estará lo suficientemente agradecido a los Coen por regalarle este personaje de asesino en serie con andares de T-1000 y peinado a lo príncipe de Beckelar.
Su mirada al comienzo de la película es tan volcánica como los de Alex en La Naranja Mecánica, ganándose el respeto del espectador para el resto de un metraje cargado de duelos de alto voltaje. Un criminal despiadado, inmoral, sanguinario e imprevisible que, junto al Capitán Spaulding y Ze Pequenho, se ha ganado un puesto entre los malos malísimos del cine actual. Bravo por los hermanos de Minnesota.

lunes, 11 de febrero de 2008

Aquellos maravillosos Razzies

Antes de Cuéntame, los estadounidenses ya hicieron balance televisivo de su propia historia en Aquellos maravillosos años, serie que seguía asiduamente durante mi infancia en La2. Pasó el tiempo y la serie alcanzó la categoría de culto gracias, en parte, a las continuas leyendas urbanas de sus protagonistas. De entre ellos, el tan manido y posteriormente desmentido rumor de que Paul, el niño de gafas, era el mediático Marilyn Manson en sus años mozos. Hoy voy a sumar uno nuevo sobre su protagonista Fred Savage, que daba vida a Kevin Arnold y también hizo de nieto de Colombo en La Princesa Prometida. Resulta que después de alguna breve aparición en Austin Powers III o The Rules of Attraction, vio que lo suyo estaba detrás de las cámaras y, en su recién estrenada carrera como director, parte como favorito a los premios Razzie con Papa Canguro 2.
Tal vez este sea el dato más interesante de los Razz 2008, porque lo que años atrás resultaba canalla e incómodo ahora se ha vuelto cansino y previsible. Al igual que en los Goya, siempre están los mismos: Jessica Alba, Rob Schneider, Adam Sadler, Carmen Electra, Eddie Murphy... encima este año han dejado fuera a pesos pesados tipo M. Night Shyamalan, Tom Cruise o Michael Bay (al que daría todas las estatuillas posibles por desmitificar a los Transformers) que es lo realmente “molesta” de estos galardones. Por su todavía no sabéis la lista de nominados, ahí van las categorías principales:

- Peor película: Bratz, Sé quién me mató, Os declaro marido y marido, Norbit y Papá Canguro 2 (la de Fred Savage).
- Peor director: Dennis Dungan, Chris Siverston, Brian Robbins, Fred Savage y Rolland Joffe (malos tiempos para el director de La Misión).
- Peor actor: Cuba Gooding Jr., Jim Carrey, Eddie Murphy, Adam Sadler y Nicolas Cage (por su pelucón en El motorista fantoche).
- Peor actriz: Elisa Cuthbert, Jessica Alba, Diane Keaton, el reparto completo de Bratz y Lindsay Lohan (dos veces por su doble papel en Sé quién me mató).


Megan Fox, el único acierto de Transformers

- Peor actor secundario: Orlando Bloom, Kevin James, Eddie Murphy, Rod Schneider y John Voight (por cuatro películas diferentes, incluida Transformers).
- Peor actriz secundaria: Jessica Biel, Carmen Electra, Eddie Murphy, Julia Ormond y Nicolette Sheridan.
- Peor secuela/precuela: Hannibal el origen, Hostel 2, Sigo como Dios, Papa Canguro 2 y Alien vs Predator 2.

Sonríe ahora, Shyamalan, que ya te tocará el año que viene.

Como veis, el jurado no ha estado muy inspirado esta vez. Yo tengo mis favoritos y mis grandes ausentes, seguro que tu también... ¿a qué esperas para “desahogarte” con un post?.

sábado, 26 de enero de 2008

La maldición del JOKER

“Se lo advertí, ya le hablé de la maldición del Joker y no me hizo caso. No me sorprende lo que ha sucedido”. Así respondió Jack Nicholson a los periodistas que le preguntaron por la muerte de Heath Ledger. Mientras Mel Gibson, Nicole Kidman o Cate Blanchett usaban términos como gran tragedia o triste pérdida, Jack se desmarca y contribuye a engrandecer la leyenda negra de Joker.
Una historia que comienza con el cubano César Romero, el intérprete de Joker (traducido como El Arlequín) en la entrañablemente casposa serie televisiva de los 60 que protagonizaba Adam West. Romero no era pariente de George A. pero si de José Martí, o eso aseguraba para aumentar su popularidad entre la jet set de Hollywood. Gran seductor cuando se desprendía del maquillaje, fue de los primeros actores en reconocer abiertamente su homosexualidad, lo que provocó que su carrera (donde imperaban papeles de machote) se fuera al traste y acabase en el olvido absoluto, salvo por algún cameo esporádico en Falcon Crest.

En noviembre del año pasado, Jack Nicholson aseguró en una entrevista que no le había sentado nada bien que Chistopher Nolan no hubiese contado con él para su película Batman: The Dark Knight, argumentando que nadie conocía mejor que él a este supervillano del cómic. “Es al papel que más cariño tengo de toda mi carrera, espero que Ledger tenga suerte, porque la va a necesitar…” aseveró Nicholson. Esa misma semana, en una entrevista publicada por el New York Times, el joven actor australiano dijo “No me siento orgulloso de mi trabajo. Siento que pierdo el tiempo repitiéndome a mí mismo, me sucede con cada cosa que hago”. Que Adam Sadler o Eddie Murphy lo digan tiene un pase, pero un actor que ha pasado de hacer comedias para tontiañeras a trabajar con Ang Lee, Terry Gilliam o encarnar a Bob Dylan, resultan tan desconcertante como sus siguientes palabras: "Tengo miedo de defraudar a los millones de fans que la saga tiene en todo el mundo, que todavía conservan indeleble en su retina la célebre interpretación del villano que hizo Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton". Quizás abrumado por esa enorme responsabilidad, Ledger se encerró durante todo un mes en una habitación de hotel (no sabemos si sería el Hotel Overlook) para preparar al personaje. "Joker es un psicópata, un payaso esquizofrénico cuya interpretación me ha dejado exhausto. Es inevitable que un papel así deje secuelas en tu carácter”.

Los ejecutivos de la Warner tendrán ahora que hacer frente a al promoción de la nueva película de Batman sin la presencia de Heath Ledger. En esta sexta entrega de la saga (que, en verdad, debería ser la cuarta porque la 3 y la 4 no merecen ser recordadas) el actor que daba vida al primerizo Joker era clave para la difusión y se había comprometido a asistir a los preestrenos de las principales ciudades. Perderán promoción pero, como pasó con El Cuervo y el malparado Brandon Lee, su inesperada muerte atraerá a muchos morbosos a las salas de ciney contibuirá a que esta cinta sea catalogada "de culto".

viernes, 18 de enero de 2008

Slater Superstar

Pensaba que después de la calva falsa de Bardem en Amor en tiempos del cólera (que desmerece nada a esos gorros de plástico que nos poníamos de pequeños antes de entrar en la piscina) ya estaba dicho en cuanto a caracterizaciones inverosímiles. Pero resulta que la nueva y ¿espera? cinta de Christian Slater la supera. Se trata de He was a quiet man y, a priori, el argumento no tiene mala pinta pese a estar firmado por el responsable de Suburban Commando (acertaste, la que salía Hulk Hogan vestido como Bertín Osborne en Scavengers).
El bueno de Slater da vida a un oficina que, aburrido de la monotonía, decide atracar su empresa con un hilarante plan donde no faltan las traiciones, el humor negro y el romance (nada menos que con la neumática Elisha Cuthbert). La pareja protagonista está respaldada por el siempre eficaz William H. Macy, aunque su aspecto de dibujo animado quedará totalmente eclipsado por la caracterización del que fuera niño prodigio con El nombre de la Rosa.
A los académicos siempre les ha gustado eso de hacer un cambio radical en el físico del protagonista, sólo tenemos que recordar las estatuillas de Philip Seymour Hoffamn por Capote, Charlize Therom por Monster o Nicole Kidman por Las Horas. Si está tradición se cumple, ¿podría alzarse con un Oscar este asiduo a los calabozos y clínicas de desintoxicación?. ¿Reivindicarán sus obras más casposas como Alone in the Dark o El hombre sin sombra II?. God only knows.

lunes, 14 de enero de 2008

How to make... a REMAKE

Parece que la huelga de guionistas estadounidenses está haciendo mucho daño en Hollywood y no sólo por provocar la cancelación de los Globos de Oro, sino porque cada vez en más difícil encontrar una idea original en la cartelera, plagada de precuelas, secuelas, biopics, remakes, adaptaciones y demás variantes. Este mes tres iconos del celuloide han sido recuperados para medir sus fuerzas en la lucha por la taquilla: Alien, Predator y Michael Myers. El ganador de este titánico duelo lo podéis imaginar.
Cuando era pequeño aluciné con Alien y todavía me sigue pareciendo una película de terror redonda, resultado de la unión de tres genios como Ridley Scott, Dan O’Bannon y Moebius en estado de gracia. La secuela de Cameron también me gustó, pero perdía la esencia del original cambiando el suspense por la acción y el espectáculo. Predator tuvo peor suerte y su innecesaria segunda parte contribuyó mancillar un personaje llamado a ser de culto. No contentos con eso, el nombre de Alien y Predator continuó devaluándose con su batalla en AVP, película dirigida descaradamente a la generación Playstation. Si en la cinta original de Ridley Scott un solo Alien era capaz de sembrar en pánico en toda una tripulación ¿cómo se entiende que ahora ejércitos enteros caigan como moscas?.
AVP 2: Requiem es más de lo mismo, pero en la tierra y con la incursión de una nueva criatura cuyo nombre es casi tan ridículo como su aspecto: el Predalien. ¿Qué astuto productor propuso este personaje pensando en las ventas que generaría su venta de muñecos o camisetas?, ¿Walter Hill?... ¿o es que realmente le preocupa más su adaptación al videojuego que la opinión de los seguidores de la saga?.
Alien y Predator forman parte del imaginario colectivo ochentero, se ganaron un respeto que ahora están dilapidando de manera desmesurada. Puedes enfrentar a Godzilla con Ghidora, a Santo con la Momia Azteca, a Freddy con Jason, porque todos ellos (aunque entrañables) pertenecen a la serie B y los crossover son bien recibidos, incluso se agradecen, pero con dos pesos pesados de Hollywood la cosa cambia. ¿Os imagináis al Padrino contra Scarface?, ¿a Deckard contra Neo?, ¿una carrera entre el Titanic y el Poseidón?. Resulta ridículo, pero si la huelga de guionistas se alarga, no hay que descartar nada.

Alien vs Predator Vs El código da Vinci. Coming soon.

Los padres de esta creación fueron los hermanos Strause, quienes juraron y perjuraron que su obra no tendría nada que ver con AVP y que sería del agrado de todos los fans, pero debían referirse sólo a aquellos menores de quince años. Su acierto, saber combinar los tradicionales animatronics con las técnicas digitales, que para algo son maestros en efectos especiales antes que directores. Ahora vamos con Halloween el origen, que lo estáis deseando.

Rob Zombie, al igual que los Strause, también es un “intruso” en la profesión. Pionero dentro del Metal Industrial desde la fundación de White Zombie, su aventura detrás de las cámaras parecía una excentricidad típica de un músico megalómano, sin embargo, se ha convertido en uno de los realizadores más interesantes del género por varios motivos:

- Es amante del cine por encima de directos, por lo que trata al público con sumo respeto y cuida cada producción hasta el último detalle. Acierta cuando hace guiños, homenajea a los clásicos o recluta viejas glorias en el reparto.
- Es un autor. Escribe sus guiones, produce y dirige. Trabaja de manera casi artesanal, con poca burocracia, y eso se nota en el resultado final, recordando a las cintas de Carpenter, Craven o Hooper que marcaron nuestra infancia.
- Artísticamente es impecable y sabe depurar su técnica hasta el extremo. La violencia es una película de Rob Zombie es incómodamente bella, te molesta pero no puedes dejar de verla. Cuando termina la película piensas “este tipo está enfermo, pero es un genio”. Después de lo alto que ha dejado el listón, no me extraña que Marilyn Manson se haya pensado dos veces eso de dirigir una película.

Reconozco que tenía incertidumbre por ver Halloween. La casa de los 1.000 cadáveres y, especialmente, Los renegados del diablo me fascinaron. En esta Rob no había trabajado con Lions Gate, estaban detrás los hermanos Wenstein (famosos por limitar la creatividad de sus directores y responsables de dividir Grindhouse en dos partes) y la película había triunfado en las salas estadounidenses. Además, nunca fui seguidor de la saga Halloween porque Michael Myers no es tan delirante e imprevisible como Freddy Krugger ni tan brutal y primitivo como Jason Vorheess. A Myers le falta carisma y, honestamente, su origen me importaba un pie.

Zombie supera su tercer asalto y se reafirma como el director más en forma de la nueva hornada. Seguro que Carpenter se sentirá orgulloso de esta nueva entrega, mientras que dudo mucho que Ridley Scott ni tan siquiera haya visto (ni verá) AVP2. Ahí está la diferencia entre una secuela (o precuela) buena y mala: en respetar para ser respetado.

jueves, 8 de noviembre de 2007

TERROR PATRIO

“He llegado a la conclusión de que aquí nadie sabe de cine, ni conoce nada. Por eso hacen copias descaradas, porque saben que nadie se dará cuenta. Lo digo hasta de Los Otros, que di comienzo a esa tendencia en España. A mí me gustó la película de Amenabar, lo que pasa es que ya la había visto antes. La hizo Jack Clayton décadas atrás basándose en un cuento de Henry James y me pareció genial. Hay una falta alarmante de originalidad actualmente”.

Así de tajante se muestra el incombustible Jess Franco en una entrevista publicada este mes, al ser preguntado por el éxito en taquilla de cineastas como Amenabar, Balagueró o J.A. Bayona y su orfanato. Mención especial merece este último, pues solamente en su primer fin de semana recaudó la friolera de 6 millones de euros, convirtiéndose en el segundo estreno más taquillero de la historia del cine cañí. Por si esto fuera poco, en dos días en cartelera El Orfanato ha recaudado más que todo el cine español en 2007, datos que invitan a la reflexión con una doble lectura, una noticia buena y una mala, como en los chistes.

Empecemos con la buena. El público español no da la espalda al cine de género y acude en masa a las salas sin ningún prejuicio por tratarse de una película “de miedo”. Buena noticia y más aún tratándose de una ópera prima, de un debutante como Bayona que ha empezado desde abajo (diría que incluso desde los infiernos, dirigiendo incluso videoclips de Camela) y no de “los de siempre” que viven a costa de las subvenciones.

Ahora viene la mala noticia y es que, a mi gusto, los espectadores no han respondido porque les guste el cine de género, sino porque esta película se ha sabido promocionar correctamente. Saber venderse lo es todo para sobrevivir en el panorama actual y la nula promoción es una de las asignaturas pendientes (una más). Sólo así se explica que mucha gente se haya perdido la más que recomendable Bosque de sombras porque ni siquiera ha oído hablar de ella y, sin embargo, si ha visto a Belén Rueda pasearse por todas las televisiones promocionando El Orfanato, por no hablar de la campaña realizada de Telecinco.

¿A dónde quiero llegar con esto? Muy sencillo, en España el único requisito para un film funcione o fracasé está en su promoción, no es el criterio del público él que dicta sentencia. ¿Y por qué no es el público quién decide? Más fácil aún, por su ignorancia supina. No voy a ser yo quien descubra ahora que en España (a diferencia de Francia, por ejemplo) no hay cultura cinematográfica, sino televisiva. Los actores de teleseries son mayor reclamo que los curtidos en el cine y las referencias a títulos de culto pasan totalmente desapercibidas para el gran público. Si preguntas a un español medio por su película de terror favorita (como diría el asesino de Scream) te responderá que El Exorcista o Psicosis, seguro. Y ya si le preguntas que te diga títulos de películas de terror, malamente llegará a la docena.
Esa ignorancia es la que impide que aprecien los continuos fusilamientos (u homenajes a lo De Palma) a Viernes 13, Poltergeist, Una vuelta de tuerca, Scanners (...y podría seguir) que hay en “El Orfanato”.

Tópica y previsible para los curtidos en el género, accesible y vistosa para el resto de los mortales, que son los que van a ver películas españolas al cine los viernes por la noche con la novia. Los mismos que cuando abandonan la sala están maravillados por la originalidad de El Orfanato y satisfechos por la cantidad de sustos que se han llevado.A sus 75 años, Jess Franco acierta plenamente en su radiografía del cine patrio. ¿Necesita el cine de terror español una vuelta de tuerca?

martes, 23 de octubre de 2007

LAS SUPERNENAS

Todavía hay gente que me mira raro cuando digo que me gustó más Planet Terror que Death Proof. Como si fuese un sacrilegio criticar una obra de Tarantino, director al que venero, pero eso no me ciega ni me impide calificar su última creación como irregular y descompensada. Mientras que los primeros minutos derrochan cinefagia en estado puro, a medida que avanza el metraje va perdiendo interés, dejando un sabor agridulce cuando aparecen los títulos de crédito. Creo que no soy el único que abandonó la butaca pensando que Quentin podía haber ofrecido algo más, pese a contar con numerosos aciertos en este homenaje al cine setentero.
De todas esas virtudes con que cuenta Death Proof hay una que destaca especialmente: Tarantino ha inmortalizado en la pantalla a la supermujer del Siglo XXI, a la fantasía sexual de sus seguidores más acérrimos, al nuevo icono geek, y encima lo multiplica por ocho. La perfecta dualidad entre las musas de Russ Meyer y las indie girls a las que sabes que, por mucho que invites al cine, nunca querrán nada contigo. Una fantasía inalcanzable que luce los shorts con el mismo glamour que Kylie Minogue cuando era novia de Jason Donovan, pero además puede mantener conversaciones sobre que habría sido de los Who sin Pete Townshend. Chicas que se emocionan más con las carreras de Barry Newman en Vanishing Point que leyendo el diario de Bridget Jones.

En Planet Terror había zombies, mad doctors y múltiples elementos fantásticos, pero creo que encontrar chicas como las protagonistas de Death Proof resulta más difícil de creer, más propio de la ciencia ficción. O de la magia del cine, porque seguramente no existan, al igual que tampoco existen James Bond, Danny Ocean, Tyler Durdeen u otras fantasías del género femenino. Quentin Tarantino añade a su imaginería particular las pin ups contemporáneas, con las curvas de un cómic de Adam Warren y las aficiones de un lector habitual de este blog. De las ocho, ¿cuál sería tu favorita para un spin off?

lunes, 15 de octubre de 2007

CRONENBERG PARA TODOS LOS PÚBLICOS

Es un ritual. Cuando Cronenberg estrena una película hay que verla en pantalla grande y en sesión nocturna. Da igual que antes haya ido al pase de prensa y se trate del segundo visionado, sólo por esas impagables tertulias entre amigos a la salida del cine ya vale la pena. No me gusta leer nada sobre la trama argumental antes de verla, pero me encanta escuchar todo tipo de opiniones una vez vista para comprobar el amplio abanico de reacciones que genera este director canadiense.
Repetía escenario respecto a su anterior obra Una historia de violencia, sábado noche en los cines Ideal. La compañía era diferente, pero las sensaciones casi calcadas a las de hace poco más de dos años. Lejos queda la irritante seducción de Vinieron de dentro de... o Rabia, las enfermizas Crash o Inseparables, y los acólitos de la Nueva Carne se despidieron con eXistenZe. Cronenberg es un director muy personal, un animal cambiante pero siempre regido por sus propios parámetros estéticos, y en Promesas del Este vuelve a dar una lección magistral de cine, aunque no serán pocos sus fieles que afirmen que se está edulcorando en exceso para agradar en Hollywood.
Entre las palabras que vale la pena rescatar de las conversaciones mantenidas en los últimos días, unos piensan que Haneke resulta más interesante actualmente, que Miike ha tomado el relevo del Cronenberg más insano, o que si sigue por este camino, terminará siendo una especie de Spielberg. Parece que han olvidado que hablan de una de las mentes más influyentes del género durante las últimas tres décadas, además de los pocos que pueden presumir de no haber sufrido altibajos. El triunfo de la regularidad y de la fidelidad a uno mismo. Esas son las claves por las que Cronenberg ahora es reivindicado por muchos pseudointelectuales que antes renegaban su obra, mientras muchos gurús del gore/terror se sienten defraudados.
Como yo no me identifico con ninguna de las dos vertientes, aunque coincido con ambos en detalles aislados, me limitaré a decir que Promesas del Este es un thriller altamente entretenido, con buen ritmo y un impecable trabajo de los actores (recomiendo verla en V.O. para comprobar el esfuerzo de Mortessen, Watts y Cassell poniendo acento ruso). Sinceramente, a mí (como a la gran mayoría de vosotros) los entresijos de mafiosillos rusos afincados en Londres me importan poco o nada, pero el guión de Steven Knight es comprensible, realista y queda perfectamente enmarcado en la capital británica. Un retrato gris y nostálgico, sobre todo para quienes hemos pasado una etapa de nuestra vida en la ciudad donde nunca nieva y en verano no hace calor.

Sin ánimo de desmenuzar aquí la película, la trama es una montaña rusa que pasa de la violencia más extrema (no perderse ni un instante de la lucha en la sauna) y momentos entrañables hasta ahora inéditos en su extensa filmografía (abrazos múltiples, exaltación de la amistad, mercenarios mostrando su versión más sensiblera...). Como el análisis de la violencia es una constante en su discurso, imagino que esta dualidad entre agresividad-sensibilidad será intencionada y habrá querido dar un paso más respecto a Spider o Una historia de violencia, obras que junto a esta Promesas del Este podrían completar una trilogía de esta última etapa Cronenbergiana, igual de crítica pero menos incómoda para el público masivo. Posiblemente, su película más accesible, aunque no la más fascinante.

martes, 2 de octubre de 2007

CADÁVERES EXQUISITOS

El pasado domingo 30 de septiembre se cumplieron 52 años de la muerte de James Dean. Más de medio siglo sin el icono de rebeldía adolescente tantas veces imitado (¿alguien recuerda a Luke Perry?), autor de la máxima rockera por excelencia “vive deprisa, muere joven y dejarás un bonito cadáver”.
Con 24 años, Dean estaba rodando la magistral Gigante (George Stevens). Era el hombre más deseado del planeta, un adicto a las sensaciones extremas y un referente para los “young americans”. Pero bajo tanta ostentación, se escondía un tipo solitario, que intentaba llenar sus vacíos existenciales con todo tipo de caprichos. Entre ellos, un Porsche 550 Spyder bautizado como "el pequeño bastardo" que, a la postre, sería su verdugo.
Hace unos meses entrevisté a Sara Montiel para un programa de televisión y me comentó que conoció a Dean en México mientras ella rodaba Vera Cruz con Burt Lancaster, añadiendo que estuvo a punto de ser su compañera de viaje esa noche. Otra curiosidad: dos días antes de su muerte, las televisiones emitieron un anuncio publicitario protagonizado semanas atrás por James Dean, donde advertía a los jóvenes lo importante que es conducir con prudencia. Paradójico.
Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolland, Bonham y Moon (como entonaban los Barones en ese "Concierto para ellos") fueron fieles a la doctrina de Dean, otros compañeros de generación no tanto, y pese a llevar años musicalmente muertos, siguen deambulando por los escenarios cual zombie de Romero. Respetable, y rentable, porque los regresos venden.
Esta semana se confirmó la gira de Sex Pistols (sin Vicious), el regreso de Led Zeppelin (sin Bonham) y aún dura la resaca del concierto de The Police (sin ganas). No digo que esté en contra, pues no deja de ser una oportunidad de directo a ídolos de antaño, de comprobar que son reales más allá de tus grabaciones caseras en Beta. Lo malo es que, sino dejan el cadáver en el armario del camerino, su olor a muerto lo impregnará absolutamente todo y contagiará su apatía al público.
Nadie pone en duda su talento, pero un concierto es algo más que un alarde de virtuosismo. No basta con estar bien ejecutado, debe conservar intacta esa rabia de un amateur y saber como transmitirla. De no ser así, se quedará en un simple e insustancial ejercicio de nostalgia, que a lo mejor divertirá a quienes han descubierto a The Police gracias a Kiss FM, pero los melómanos siempre pediremos más.

Los shows multitudinarios es lo que tienen, todo está perfectamente guionizado, no hay el mínimo lugar para la improvisación. Tema coreado por el público para abrir, saludo provinciano chapurreando espanglish, momento mechero (ahora móvil) en la balada, se apagan las luces mientras hacen la ola y regresan a escena con su canción bandera mientras todos se empujan como adolescentes acnéicos en la fiesta de fin de curso.
Sota, caballo y rey. Ya puede ser Police, Queen, U2 o Depeche Mode, que durante las dos semanas siguientes verás muchas camisetas de la gira cuando salgas a tomarte una caña. Una lástima que sus portadores (los mismos que se ponen una foto de Supercoco en el Messenger para hacerse los graciosos, usan nicks como “El Nota” o “Vincent Vega” para parecer sofisticados, escriben letras de Dylan en su blog para impresionar o cuelgan fotos de sus borracheras en el fotolog para ocultar su ínfima vida social ) solo se movilicen para ver a estos artistas y su última adquisición musical sea un recopilatorio de M-80. Normal que los grupos pidan cifras tan disparatadas por las entradas, con semejante rebaño el lleno está asegurado.

lunes, 24 de septiembre de 2007

LA JUNGLA CUATRO PUNTOS MENOS

No quiero ser pesado hablando otra vez de secuelas, precuelas y, en definitiva, de innecesarias nuevas entregas de películas míticas de los años 80-90 al servicio de la tecnología del 2000. Como sucedió con Alien, con la tercera entrega todos dábamos por cerrada la saga y nos sorprendimos, aunque visto lo visto se la podrían haber ahorrado. La Jungla de cristal IV (ó 4.0, ahora la pregunta es si habrá 4.5, como con el Photoshop) sigue a rajatabla estos postulados propios del Star System para convertirse en el último blockbuster del verano. La recaudación ha sido más bien discreta, pero hay cuatro puntos decisivos que separan la fundamental primera parte de este mero entretenimiento de usar y tirar. Vamos punto a punto, como hacía Irureta con sus cuentas de la lechera en el Depor:

1. El director: Para bien o para mal, John McTiernan (La junga 1 y 3) domina todos los parámetros del cine de acción estadounidense. En la segunda entrega, Renny Harlin cumple, aunque está muy lejos de sus clásicos a reinvindicar Pesadilla en Elm Street IV o Las aventuras de Ford Farlaine (el detective rockanrollero). En esta 4.0 tras la cámara está Len Wiseman, baluarte de esa generación de realizadores que han crecido con un Mac debajo del brazo (en su anterior película Underworld Evolution, solo faltaba que en la pantalla pusiera de forma intermitente Press Start para confundirla con la intro de un videojuego). Menos digitalizar y más explosiones con extras de los de toda la vida, señor Wiseman.

2. El malo: No me refiero a Fernando Torres, sino a Jeremy Irons, sin duda el mejor enemigo al que se ha enfrentado John McClane. Por mucho que Timothy Oliphant sea el último icono gay, su personaje es plano y previsible.

3. La duración: Ya lo dijo el gran Billy Wilder, en esta vida todo nos parece demasiado largo excepto nuestra propia vida y nuestro propio pene. 130 minutos no es un metraje excesivo, pero en una generación que ha crecido con los videoclips, los anuncios publicitarios y las series B de 90 minutos clavados, como el guión no sea lo suficientemente bueno (que no es el caso) se bosteza.

4. El humor: Como le sucede a la mayoría de nuevos cineastas españoles, pretenden hacer un homenaje y les sale una parodia. Bruce Willis eleva al cubo la chulería del McClane original y hace que pierda encanto, como pasa en Los Simpsons con Homer, que cada capítulo que pasa es un poco más tonto.

Con estos argumentos, considero que los diseñadores gráficos se han equivocado al confeccionar el cartel y deberían haber incluido los elementos fijos en toda película de esta índole: el fuego, el helicóptero y la cara de duro. Ahí van unos ejemplos:


La Jungla de Cristal I y II. Media cara de Bruce Willis perplejo, edificios en llamas y helicópteros explotando, aunque en la secuela se cambia por un avión al desarrollarse en un aeropuerto. La 3 y la 4 ya sacan a Bruce Willis en su totalidad, con cara de duro y sin vehículos que eclipsen su protagonismo.

El "Gobernator" de Californía también es un experto en la matería. Antes de firmar sentencias de muerte en la vida real ya lo hacía en la ficción, donde no podían faltar ni el fuego, ni los helicópteros, ni esa cara de estar diciendo "los yogures con bifidus funcionan".


Por último, en su enésimo alarde de originalidad, el "amiguete" Santiago Segura presentó el cartel de su Torrente 3 como mandan los canones: Coches explotando, fuego y un helicópero que pasa por allí, aportando como novedad la inclusión de Lucia Lapiedra, ex actriz porno adicta (entre otras cosas) a los montajes televisivos. El resultado de crítica y público, comparable al logrado por Schwarzenegger.

Toma nota Garci, si quieres que a tu próxima película acuda público que no tenga que ir con la sonda y el tensiómetro de "Saber vivir" a las salas, prueba a poner a Alfredo Landa o Carlos Hipólito con cara de desconcertados, rodeados de llamaradas de fuego y un helicoptero como el de Esperanza Aguirre y Rajoy surcando los cielos. Igual funciona.

martes, 18 de septiembre de 2007

ROCKSTAR SYSTEM

Con motivo del lanzamiento en DVD de "Last days" (biopic de Kurt Cobain) y el inminente estreno de "I'm not there" (basada en la vida de Bob Dylan), la revista Primera Línea me ha encargado un artículo sobre la sociedad que conforman Cine y Rock. Aquí va un adelanto, el resto, próximamente en los quioscos.




HOLLYWOOD ROCKS!
El cine y el rock estaban condenados a entenderse. Primero fue Elvis con sus movimientos pélvicos, coreografías carcelarias y collares hawaianos de flores. Después unos autoparódicos Beattles, sentando las bases de la estética pop a las órdenes de Richard Lester. Pero la verdadera revolución llegó cuando Milos Forman retrató a Mozart como un díscolo punk rocker con mas excentricidades que Michael Jackson. Oliver Stone repetiría la misma fórmula para redescubrir a los Doors en la década de los noventa, provocando una injustificada invasión de recopilatorios que aún continúa. Vidas contadas en dos horas. Los biopics funcionan. Así lo demuestra el reciente éxito de Ray Charles en Ray, Johnny Cash en Walk the line (ambas con Oscar incluido) y, en menor medida, Kurt Cobain en Last Days.
La revisión de las dudas existenciales del líder de Nirvana, a cargo del irregular Gus Van Sant, dio el pistoletazo de salida a una colección de biopics impensables. Desde el incombustible Iggy Pop a la sugerente Debbie Harry, pasando por los gamberros Mötley Crue (con Tommy Lee a la cabeza) o los tediosos Milli Vanilli (seguro que en tus peores pesadillas están presentes sus trenzas y camisas violetas con hombreras). Preparate, porque las salas de cine van a llenarse de groupies pidiendo los bises.

Una de las propuestas más interesantes a priori es The Passengers, biopic basado en los primeros años de Iggy Pop al frente de los Stooges. Un retrato de la generación de los setenta en Detroit donde, a buen seguro, no escatimarán en drogas, maquillaje, ambigüedad sexual y rock, mucho rock. Se rumorea que en la fase inicial del proyecto, la iguana sexagenaria se quejó al saber que el hobbit Elijah Wood le daría vida en el celuloide, aunque no sabemos si se dio media vuelta bajándose los tejanos hasta los tobillos, como habitúa a hacer Iggy en señal de protesta. Curiosamente, otro de los rostros más populares de la saga de “El señor de los anillos”, Cate Blanchett, hará lo propio con el último ganador del premio Príncipe de Asturias, Bob Dylan, en I’m not there.

El autor de “Knockin’ at Heaven’s Doors” ya plantó a Joan Baez en los sesenta y, cosas del destino, ahora será encarnado por una mujer. El español Agustín Díaz Yanes ya intentó la misma jugada en su adaptación de “Alatriste”, aunque con peor suerte. Ver a Blanca Portillo en la piel del inquisidor Bocanegra infundía de todo menos miedo, pues era inevitable pensar que en cualquier momento aparecería Sole para soltarle una colleja. Son los riesgos del encasillamiento, y sino que pregunten a Corie Feldman, Audrey Tautou o cualquier miembro del reparto de Verano Azul.
Tal vez por este motivo, Kirsten Dunst quiere ser recordada para lo posteridad como algo más que la novia de Spiderman y se ha decidido a inmortalizar en la gran pantalla a Debbie Harry: ex conejita Playboy, musa de John Waters y líder del grupo Blondie. Todo un icono viviente del rock, al igual que Janis Joplin. Gospel according to Janis será el segundo biopic basado en la musa de Woodstock después de “The Rose”(1979). En aquella ocasión Bette Midler encarnó de forma convincente a la fallecida Rosa Negra y, en esta nueva revisión del mito, se pensó en la omnipresente Scarlett Johansson o Lindsay Lohan, esa gran diva de la banalidad. Si la juventud de Janis estuvo marcada por las drogas, el alcohol y otros excesos, la vida personal de Lohan no tiene nada que envidiar y la ex chica Disney está haciendo méritos para protagonizar su propio biopic junto a su compañera de juergas, Britney Spears. Si Walt levantase la cabeza y contemplara a semejantes trasnochadas se quedaría tal y como está: helado.
OTROS TÍTULOS

- CONTROL (Anton Corbjin). El afamado realizador de los videclips “Personal Jesus” (Depeche Mode) o “Heart-Shaped box” (Nirvana) debuta como cineasta en este biopic con nombre de preservativo basado en el malogrado Ian Curtis, con quien trabajó personalmente como fotógrafo. Sam Riley emula al líder de Joy Division, víctima de ataques epilépticos y convertido en un icono al ahorcarse con 23 años mientras escuchaba la canción “The idiot” de Iggy Pop.

-DEEP IN DREAM. Josh Harnett interpretá a Chet Barker. Trompetista cool, adicto a la heroína y fallecido en la más absoluta de las miserias a finales de los 80.

- THE DIRT. Biografía de los hard rockeros Mötley Crue contada por sus propios protagonistas Mick Mars y Tommy. Dirigida por Larry Charles, ingenioso guionista de la serie Seinfeld, el veterano actor Christopher Walken se vestirá de su compañero generacional Ozzy Osbourne y Val Kilmer hará lo propio con David Lee Roth.

lunes, 10 de septiembre de 2007

EL SÍNDROME DE DINO-GENES

Si hay algo que me gusta del mes del septiembre son los anuncios televisivos, con esos coleccionables bizarros que inundan de color los quioscos de nuestro barrio. Hemos visto desaparecer a los videojuegos del Spectrum, la revista Micromania, los cassettes con chistes de Arévalo o a las ingeniosas portadas de El Víbora, pero los coleccionables permanecen ahí, inalterables al paso del tiempo, con sus descomunales cartones, fascículos y accesorios.
Abanicos del mundo, cuentos de calleja, muñecas de porcelana, coches de bomberos a escala... todos ellos con una suculenta oferta de lanzamiento. Un gancho para los que sufren el síndrome de Diógenes, que consiste en acumular basura de forma desmesurada (como hace la directiva del Atlético de Madrid cada pretemporada).
Confieso que de pequeño yo también piqué con una de estas colecciones interminables. Se trataba de una sobre dinosaurios y en cada número incluían la pieza de un esqueleto de Tyranosaurus Rex que brillaba en la oscuridad (como triunfaban los fluorescentes en al generación de los 80). Mis padres dicen que antes de aprender a hablar ya sabía dibujar dinosaurios, siempre sentí una gran fascinación por estas criaturas, una fiebre que se vería aumentada con el estreno de Jurassic Park.

El éxito de la película de Steven Spielberg motivó el lanzamiento de este coleccionable y demás sucedáneos prehistóricos, incluso unas galletas con forma de triceratops y estegosaurios. Curiosamente, esta semana descubrí una versión mejorada y aumentada de esta colección, que se completa con un dinosaurio del tamaño de un niño de doce años. Como en aquella ocasión, pensé que este resurgir mediático de los grandes saurios que un día dominaron la tierra vendría precedido por algo, tal vez una nueva película o una serie de éxito en Estados Unidos, así que entré en imdb y descubrí una noticia más aterradora que el sonido de las pisadas de un T-Rex: ¡están preparando una secuela de Jurassic Park para 2008!.
Más info en http://www.imdb.com/title/tt0369610

El argumento no lo firmaría ni el Uwe Boll menos inspirado. Sin justificación alguna, los dinosaurios han renacido y el gobierno los está criando clandestinamente para convertirlos en perfectas máquinas de matar, con armaduras y munición incluidas. Armas de destrucción masiva con patas para defender los intereses del Imperio. El responsable de este disparatado guión es John Sayles, viejo conocido de la Factoría Corman (especialista en “animaladas”) que sigue viviendo de la gloria alcanzada con “Piranha” o “Alligator”. El reparto original (Sam Neill, Jeff Goldblum y Laura Dern) se ha ido sucediendo a lo largo de la saga, en función de sus necesidades económicas del momento. Goldblum se dejó ver en “El Mundo Perdido”, Sam Neill aceptó aparecer en la ridícula tercera entrega y, ahora, una desaprovechada y olvidada Laura Dern (que no levanta cabeza desde “Corazón Salvaje”) podría hacer lo propio en la cuarta parte a cambio de un puñado de dólares.
Esperemos que solo se quede en un rumor y no contribuya a hundir un poco más esta, ya de por sí, devaluada saga. Pero después de ver resurgir a Rocky, Indiana Jones o (próximamente) Rambo, todo es posible. De hecho, podrían juntar a todas estas viejas glorias y hacer una nueva película. Se me ocurre un título: Geriatric Park (Parque Geriátrico).