miércoles, 16 de julio de 2008

Goooool de La Sexta

Ha pasado el tiempo y la resaca futbolera ha ido mermado. Esa plaga de camisetas rojas y rostros pintados que deambulaba por las calles cual zombies de Romero se ha extinguido y escuchar en un teléfono móvil el politono de “A por ellos, Oe” ya suena rancio y desfasado. Algunos nos quedamos con la sensación de que fue demasiado fácil, no sé si por mérito de los nuestros o por desmérito de sus rivales, pero el gol de Torres en Viena desató una euforia generalizada y, por momentos, canalizó los problemas de muchos españoles. Sin embargo, a mi gusto el mejor de la Eurocopa no lo marcó El Niño, ni tampoco El Guaje, sino La Sexta.

La Plaza Roja de Colón (curioso calificativo si pensamos lo que simboliza ese escenario y las concentraciones que ha albergado en los últimos años) no ha sido únicamente territorio de Cuatro। En uno de sus resquicios estaba presente La Sexta, que este año no emitió el torneo y nos libró a todos de los insufribles comentarios del trasnochado Andrés Montes (tanto tiempo retransmitiendo la NBA de madrugada deja secuelas). Concretamente en la fachada del Museo de Cera, con un cartelón que, para más mofa, iba acompañado de la leyenda “la mejor selección está en La Sexta”. Los realizadores de Cuatro se tirarían de los pelos cada vez que querían hacer un plano general de la plaza sin que la publicidad de La Sexta apareciese en pantalla. Tal vez los contenidos de la cadena sean muy discutibles, así como su incomprensible costumbre de cambiar de horario constantemente las series de culto, pero de “vender lo que sea” saben un rato. Sólo hay que ver la expectación que generaron en torno al nuevo CQC... aunque el resultado haya sido muy decepcionante. Los nuevos hombres de negro no pasarán de cuartos.

jueves, 26 de junio de 2008

Ni ROCK ni RÍO

El pasado sábado estuve en Arganda del Rey para ver el último concierto de Peluze, un grupo que siempre he recomendado y del que, con el tiempo, lamentaremos haber dejado morir. Frente al escenario, con cartel gigante del Rock in Río. Esa imagen me impactó, porque para ver a Peluze (junto a los míticos Sou Edipo) estábamos en familia, muy pocos, pese a ser al aire libre y gratis. Pero en el Rock in Río habrá miles de personas, de esos que sólo les gusta la música un día y se pasarán el resto del año sin pisar otro concierto. España es, después de Japón, el país que más paga a los artistas internacionales. El paraíso de los grupos veteranos que no pasan por su mejor momento y vienen aquí a hacer el agosto. También somos el país que más castiga a los talentos autóctonos, sólo hay que comprobar el nulo riesgo que han asumido los organizadores del Rock in Río al confeccionar el cartel. El Canto del Loco, Manolo García, Rosario Flores, Estopa, Alejandro Sanz... nada nuevo bajo el sol. Podrían haber incluido a Melendi, Nena da Conte o King Africa y se habrían quedado tan a gusto, argumentando que se trata de un festival “ecléctico y multicultural”. La única formación “alternativa” que actuará serán The Cabriolets y no por merito propio, sino porque su cantante es Bimba Bosé, que algo habrá influido. De Amy Winehouse no voy a hablar porque ya lo hice antes de su fama desmesurada por motivos extra musicales, sólo diré que muchos de los que vayan por morbo se quedarán con las ganas, pues seguro que cancelará su show. Después de sus lamentables últimos conciertos (sin voz, sin ganas y sin saber ni donde estaba) es lo mejor que podría pasar.
Rock in Río toma su nombre de las ediciones anteriores celebradas en Brasil o Portugal, donde si había Río y también Rock, mucho Rock: Queen, Guns and Roses, Aerosmith, AC/DC y otros nombres legendarios han ilustrado sus carteles. La versión cañí no es más que una excusa para construir un pabellón con dinero de la Comunidad, recalificar los terrenos y disparar los precios de las nuevas urbanizaciones en Arganda. Un pelotazo más, pero esta vez escudado en el apoyo a la música. Si entras en la web del Rock in Río, no ves biografías de los artistas, ni fotos, ni datos que fomenten el interés por la música. Sólo anuncios de todo (banners, pop up’s, url’s...), mucha publicidad de los patrocinadores (que nada tienen que ver con el mundo de la música) y venta de entradas online. Más que la web de un festival, parece la de un parque de atracciones, que más o menos es lo que será “ciudad del Rock” con su noria gigante, pista de esquí y demás parafernalia. Lástima que la primera visita de Neil Young a nuestro país tenga este escenario impropio de su categoría.
Si alguien tiene previsto pasarse para ver a
Alanis Morrisette, que no se asuste, este es el aspecto actual de la cantautora canadiense. Si algún escéptico todavía cree que Elvis está vivo, que busque dentro de estómago de Alanis. Lo siento Rock in Río, yo NO VOY.

martes, 17 de junio de 2008

LA LOCURA YA TIENE MAESTRO

Josh Homme es un nombre clave para entender los nuevos designios del rock en la última década. El frontman de los californianos Queens of the Stone Age es un buen músico que, además, ha sabido rodearse de grandes músicos (Nick Oliveri, Marc Laneghan, Dave Grohl) en cada uno de sus discos. Hace tres semanas Josh actuó en el Electric Festival de Getafe, después de la magistral descarga de sus compañeros generacionales Rage Against the Machine, y le tocó lidiar en un escenario que no estuvo a la altura de las circunstancias. Pese a todo, fue un buen concierto en el que muchos se esperaban que, aparte de lo musical, regalase algún momento polémico. Para los amantes del stoner, Josh Homme es un icono, un genio, y como tal se gasta mal genio.
Unos días después, los Queens of the Stone Age continuaban su gira en Oslo (Noruega) y ahí si que tocaba montarla. Ejerciendo de cabezas de cartel en el Wood Festival, alguien del público que buscaba su momento de gloria increpó a Josh desde las primeras filas y, al ver que este no respondía a sus insultos, lanzó un vaso de plástico. El artista paró la música y esto, literalmente, fue lo que dijo: “Hazme el favor, no me tires mierda. Si me tiras algo, no estoy tan enfermo como para no bajar ahí y pegarte una puta hostia, ¿sabes lo que digo? Quizá tenga una temperatura de 102 y haya estado vomitando durante tres días pero aún así te daré por culo delante de todos tus amigos. ¡Ey, tu, el que está ahí! ¡Ey tu, el del puto sombrero! ¡Ey, marica! Date la vuelta, ¡puto marica de pelo negro! ¡Gírate, jodido gallina maricón! ¡Ey, tu, maricón hijo de puta! ¡Te voy a joder! ¡Sube aquí! ¡Sube aquí, jodido maricón! ¿Sabes qué? ¡Sube tu puto culo aquí! Eres tan jodidamente estúpido que subirás aquí. Subidlo aquí para que pueda pegarle una patada en la cara. Puto cabrón invisible. ¡Vuélvete a casa de mamá, puto zurullo despollado de doce años! Y sus amigos, ¿queréis tirar vosotros algo o estáis bien? ¿Todos bien? Sabéis, de cualquier forma, este puto zurullo despollado no tiene amigos. Vine para el resto de vosotros, no para este gilipollas."
Parece imposible decir más insultos en menos tiempo. Ni los Matamoros en ese ring televisivo llamado Crónicas Marcianas, ni Risto (Stoichkov, no Mejide, que era mucho más duro) cuando le anulaban un gol superan el índice de violencia verbal de Josh Homme. Gran músico pero, como él mismo dice en una de sus canciones, everybody knows that you’re insane...

miércoles, 11 de junio de 2008

LOS CABEZA DE CARTEL

La temporada festivalera ha comenzado y el primero en caer ha sido el Electric Weekend de Getafe. Después ha venido Festimad y está a las puertas Summercase. La guerra de guerrillas que se han declarado los promotores de macrofestivales este año daría para escribir muchos post: conspiraciones, traiciones, contraprogramaciones, cachés desorbitados… pero es una polémica que me da mucha pereza y estamos a mitad de semana, así que voy a plantear una pregunta: ¿Qué criterio siguen los festivales para decidir que grupo es el cabeza de cartel?. Como decía Harry el Sucio, hay tantas opiniones como traseros y todos tenemos la nuestra. Yo siempre había creído que el orden del cartel se confeccionaba en función del presupuesto. Cuanta más pasta cobre el grupo, más arriba estará. Otros amigos aseguran que es por su trayectoria y veteranía. Es decir, cuanto más tiempo lleves en esto, más posibilidades tienes de ser la atracción principal. La otra opción mantiene que el cabeza de cartel es el grupo que está atravesando un mejor momento y se considera que tiene un mayor poder de convocatoria entre el público. Ninguno de los tres planteamientos, todos muy respetables, es lo suficientemente sólido como para responder a las siguientes preguntas sobre Electric Weekend: ¿Merece Serj Tankian, por mucho que haya liderado a S.O.A.D., estar por delante de mis admirados Biffy Clyro?. ¿Por qué los hermanos Cavalera están relegados a tocar en un escenario más pequeño y en peores condiciones? (pregunta también aplicable a Q.O.T.S.A.)… y, lo más importante, si Iggy Pop es el padre de lo que hoy conocemos como Punk… ¿por qué unos devaluados Offspring actúan en un horario de privilegio y la iguana de Detroit se contorsiona a plena luz del día?.
Bueno, si algún lector de este humilde blog se encuentra entre las más de 54.000 personas que se pasaron por el Electric Weekend, se agradecen los comentarios.

martes, 27 de mayo de 2008

Del LOLOLO al LALALA

Hay veces que, sin quererlo, una banda mítica está de actualidad. Es el caso de los siempre reivindicables The Kinks y, seguramente, su líder Ray Davies ni lo sepa, pero es difícil caminar por la calle y no cruzarse con alguien que, con mayor o menor fortuna, tararea eso de "lololololola”. El motivo es el nuevo anuncio de Coca Cola, que convierte el mundo en un karaoke gigante a ritmo de la canción Lola de The Kinks. Aunque lo curioso es el origen de este tema, que podemos encontrar en el discazo Lola vs. Powerman and The MoneyGo-Round par tone, una joya del rock setentero. Su letra cuenta la historia de un romance con travesti de por medio, algo parecido a lo que le pasó al (ex) futbolista Ronaldo hace unos meses, y en una estrofa Davies decía que sus labios tenían sabor a Coca Cola. A la BBC no le gustó la idea y consideró que tenía un mensaje publicitario implícito, así que se cambió la palabra Coca Cola por Cherry Cola para poder sonar en las radios británicas. Décadas después se ha repetido la película, pero a la inversa. Lola y su Coca Cola suenan en los móviles igual o más que el Chiki Chiki, aunque la mayoría de sus usuarios si conocen a Chikilicuatre pero no saben quienes son The Kinks. Lástima.

Hablando del festival anteriormente conocido como Eurovisión, estos días hemos asistido a uno de los debates más delirantes de los últimos años, cuando José María Iñigo abrió la caja de los truenos al afirmar que Massiel ganó en el 68 por compra de votos. Lo que no se ha dicho es que el archifamoso La, la, la tiene un parecido más que razonable con otra canción de The Kinks llamada Death of a Clown, como el mismo Dave Davis dejó caer en su autobiografía. La venganza se sirve en lata fria.

martes, 13 de mayo de 2008

NADIE ES PERFECTO/A

Qué la curvilínea Scarlett Johansson sea uno de los nombres más buscados en Google, haya protagonizado los sueños húmedos de hombres (y mujeres) de medio mundo y, al mismo tiempo, pueda presumir de una intachable trayectoria fílmica, no significa necesariamente que sea la mujer perfecta। De hecho, su intento de convertirse en musa del pop está resultando fallido।
Tal vez las expectativas estaban demasiado altas: la nueva novia de Hollywood interpretando el cancionero de Tom Waits, acompañada por dos gurús como Nick Zimmer (Yeah Yeah Yeah’s) o Dave Sitek (TV on the Radio) a la producción y rematando con David Bowie como estrella invitada. Buenos mimbres para un debut donde la gran duda estaba en el registro vocal de la actriz, teniendo como único referente su versión del “Brass in Pocket” de The Pretenders en la película Lost in Translation. Esa secuencia del karaoke tenía su gracia, pero este disco produce la sensación menos deseada por un artista: indiferencia. “Falling down” no tiene la fuerza que requiere un single, su voz está excesivamente tratada y carece de la arrebatadora personalidad que siempre ha caracterizado a la actriz neoyorquina।


Una vez, mi admirado Jordi Costa dijo que Scarlett Johansson era puro marketing y que, si se despojara de todo ese pseudo glamour mediático, sólo sería una niña más de la América profunda con sobrepeso, de esas que se pasan el día en bata dentro de su caravana y beben leche directamente del envase. Puede que su imagen esté sobredimensionada y que todo este regusto indie no sea más que una estrategia para mitificarla, aunque si la comparamos con otras actrices de su edad (¿Lindsay Lohan?, ¿Jessica Alba?) encontramos algo más de talento y buen criterio.Queda saber si este “Anywhere I lay my head” ha sido un capricho, un ejercicio de onanismo, un atrevimiento o si, por el contrario, tendrá cierta continuidad. De momento, sólo se trata de un disco de versiones más que no está a la altura de la belleza de su intérprete.

miércoles, 30 de abril de 2008

UN DÍA DE FURIA CAÑÍ

En la película de Joel Schumacher Un día de furia el actor Michael Douglas vive su particular descenso a los infiernos en un solo día. Ayer la realidad volvió a superar a la ficción, sé que es una frase muy manida, pero es la que mejor define lo vivido ayer por el otrora icono del destape Andrés Pajares. Eso sí, parafraseando el título de su última obra teatral, Pajares emuló a Douglas “a su manera... de hacer”, protagonizando una escena más propia del cine de Berlanga. Se presentó en un despacho de abogados con una pistola de juguete, unas gafas de sol, una gorra y un bigote postizo. Un caracterización digna de las Celebrities en Muchachada Nui. No es la primera vez que monta un lío surrealista. En su fallido regreso a los escenarios se encaró con varios periodistas que acudieron al teatro buscando carroña. Semanas después destrozó la habitación de un hotel y fue ingresado en una clínica mental, donde permaneció atado de pies y manos. Por último, acudió notablemente desorientado a un programa nocturno del corazón para cobrar 45.000 euros por decir todo tipo de incoherencias. Su aparición en El Hormiguero fue la enésima demostración de que Pajares es la decadencia personificada. La versión masculina de El crepúsculo de los dioses cuyo final se puede intuir.

El verano pasado entrevisté a Pajares en el documental Mi nombre, Madrid (Telemadrid) y no cobró nada porque en ningún momento habló de su vida personal. Gestionar la entrevista fue una odisea, con continuos cambios de fecha. Llegó a la grabación en el Hotel Miguel Ángel con dos horas de retraso y su piel lucía un color más amarillo que la de Homer Simpson. El director de fotografía se ganó el sueldo para intentar que en pantalla pareciera medianamente humano. Su atuendo debía pertenecer a las sobras del vestuario de Los bingueros o Los energéticos. Ni Viruete se atrevería la americana azul cielo que llevaba, encima de una camiseta sin mangas ultraceñida. Con mucho esfuerzo dialéctico, intenté que no se fuera de las preguntas y, una vez montada la entrevista, incluso parecía bastante cuerdo, con unos momentos de lucidez impropia de ese esperpento que se pasea por los platós de televisión hablando del hijo, la hija y la madre que los parió।


Estaba ilusionado con su 50 aniversario como profesional, con volver a sentirse actor, pero ese entusiasmo no se ha visto correspondido por el público y las consecuencias de la decepción están siendo letales. Más allá de la persona y el personaje, me quedo con su interpretación de Makinavaja, genial adaptación del cómic de Ivá, y su frase “En un mundo sin moral ni ética, solo nos queda la estética" tras disparar a un comisario torturador. No descartó que, en su próximo escándalo, reviva una escena similar a ésta de “el último choriso”.